Como adelanté en la primera parte de esta entrada, voy a copiaros fragmentos directamente de su autobiografía donde hace referencia a la Danza y a bailarines. 
Es curiosa su relación con la legendaria bailarina Anna Pavlova, que se conocieran y fueran buenos amigos. Su breve charla con Claude Debussy y su encuentro con Vaslav Nijinsky.
Espero que disfrutéis de estas dos entradas y de la información que contiene como yo lo hice al descubrirla, admires o no a este gran artista.
Y que si aun no lo conoces, te animes a asomarte un poquito a su persona y su mensaje.
Su breve conversación con Debussy
Una noche se acercó a mi el intérprete diciendo que un célebre músico deseaba verme. ¿Querría ir a su palco? La invitación era bastante interesante., porque estaba con él una dama exótica, bellísima, perteneciente al Ballet Ruso. El intérprete me presentó. El caballero dijo que había disfrutado mucho con mi trabajo y se quedó sorprendido de lo joven que era. Me incliné cortésmente al oír estos cumplidos, lanzando con disimulo una mirada a su amiga.
- Eres un músico y bailarín nato – dijo él.
Dándome cuenta de que no había oído otra réplica a este elogio que sonreír amablemente, miré al intérprete y me incliné con finura. El músico se levanto, me tendió la mano y yo también me puse en pie.
- Sí – dijo, estrechándome la mano -, eres un verdadero artista.
Una vez fuera del palco, pregunté al intérprete:
- ¿Cómo se llama el caballero?
- Debussy – me contestó – el célebre compositor.
Fue aquel el año en que Debussy presentó “Preludio a la siesta de un fauno” en Inglaterra, obra que fue abucheada, marchándose el publico de la sala.
Me encanta Debussy. Qué cosas, ¿eh? Da mucho que pensar. Preludio a la Siesta de un Fauno… ¿Cómo se puede abuchear algo así? Es una pieza mágica y fantástica.
Su relación con Anna Pavlova
En cierta ocasión el consulado ruso dio una cena en su homenaje, a la que asistí. Era una solemnidad internacional. Durante la comida hubo muchos brindis y discursos, algunos en francés, otros en ruso. Creo que fui el único inglés a quien se invitó a hablar. Sin embargo, antes de que llegara mi turno, un profesor pronunció en ruso un brillante panegírico del arte de Pavlova. Luego con lágrimas en los ojos, se dirigió a ella y la besó fervorosamente. Yo sabía que después de aquello cualquier esfuerzo mío resultaría insignificante; así que me levanté y dije que como mi inglés era totalmente inadecuado para expresar la grandeza del arte de la Pavlova, hablaría en chino. Improvisé en una jerga seudochina, elevando el tono, como había hecho el profesor. Al terminar, besé a la Pavlova con más fervor que él, cogí una servilleta y la coloqué sobre nuestras cabezas. Mientras tanto la besaba sin parar. La concurrencia soltó la carcajada, y aquello rompió la solemnidad del acto.
Qué caña de persona, ¿eh? xd Me encanta.
Lo sublime es raro en cualquier vocación o arte, y Anna Pavlova era una de esas impares artistas que lo poseía. Nunca dejó de conmoverme profundamente. Su arte, aunque brillante, presentaba una calidad pálida y luminosa, tan delicada como un pétalo de rosa blanca. Cuando bailaba, todos sus movimentos eran un centro de gravedad. En cuanto entraba a escena, por alegre y seductora que fuera, sentía yo deseos de llorar, pues ella personificaba para mí la tragedia a la perfección.
Su encuentro con Vaslav Nijinsky y Diaghilev
(…) mientras los demás se desternillaban, Nijinsky permanecía sentado y cada vez más triste. Antes de irse me dio la mano y con su voz hueca me dijo lo mucho que había disfrutado con mi trabajo, y me preguntó si podía volver.
- Claro que sí – le dije.
Estuvo otros dos días, mirándome siempre con gesto lúgubre. El último día le dije al cámaa que no cargara película. Sabía que la fúnebre presencia de Nijinsky malograría todos mis esfuerzos por tener gracia. Sin embargo, todos los días, al terminar, me felicitaba.
- Su comedia es un ballet, y usted, un bailarín - dijo.
No había visto yo todavía el Ballet Ruso ni ningún otro. Pero al final de la semana me invitaron a la primera representación en matinée.
En el teatro me saludó Diaghilev, que era un hombre lleno de vitalidad y entusiasmo. Me pidió perdón por no haber montado el programa que, en su opinión, me hubiese gustado más.
- Es una lástima que no esté incluida Preludio a la siesta de un fauno – dijo -; creo que le habría agradado – luego se volvió rápidamente hacia su representante - ; Dígale a Nijinsky que daremos el Fauno para Charlot después del entreacto.
El primer ballet fue Scheherazade. Mi reacción fue más bien negativa. Había demasiada comedia y muy poco baile, y, a mi juicio, la música de Rimski-Kórsakov era reiterativa. Pero el número siguiente era un pas de deux con Nijinsky. En cuanto apareció me sentí electrizado. He conocido pocos genios en el mundo, y Nijinsky era uno de ellos. Sugestionaba como un dios; su aspecto sombrío sugería estados de ánimo de otros mundos. Cada movimiento suyo era poesía; cada salto, un vuelo hacia una extraña fantasía.
Había él dicho a Diaghilev que me llevara a su camerino en el entreacto. Me quedé mudo. No puedo uno retorcerse las manos y expresar a la vez con palabras su interpretación del gran arte. Me senté silencioso en su camerino, observando en el espejo su extraño rostro, mientras se maquillaba para el Fauno, pintándose círculos verdes sobre sus mejillas. Se mostró torpe en sus intentos de conversación; me hizo preguntas incoherentes sobre mis películas, a las que sólo pude responder con monosílabos. Al final del entreacto sonó el timbre de aviso y le dije que me volvía a mi localidad.
- No, no; todavía no – murmuró.
Llamaron a la puerta.
- Señor Nijinsky, la obertura ha terminado.
Empecé a mostrarme intranquilo.
- Está bien – respondió – Tenemos tiempo suficiente.
Extrañado, no sabía yo por qué se comportaba él así.
- ¿No cree usted que es mejor que me vaya?
- No, no; deje que toquen otra obertura.
Al cabo de un rato Diaghilev entró precipitadamente en el camerino:
- ¡Ven! ¡Ven enseguida! El público está aplaudiendo.
- Que espere; así es más interesante – dijo Nijinsky.
Después siguió haciéndome preguntas triviales.
Nadie ha igualado a Nijinsky en Preludio a la siesta de un fauno. El mundo esotérico que creaba, la tragedia que acecha invisible en las sombras del paisaje pastoril, lleno de belleza, mientras él se movía entre el misterio de aquél como un dios de apasionada tristeza, todo lo expresaba y revelaba con unos gestos sencillos, sin aparente esfuerzo.
Seis meses después Nijinsky se volvió loco. Mostró ya signos de locura aquella tarde, en su camerino, cuando hizo esperar al público. Yo había sido testigo de los primeros impulsos de una mente sensible en el momento en que se alejaba de un mundo brutal, destrozado por la guerra, para entrar en el otro mundo de sus sueños.
Para terminar os dejo esta escena de la película “Tiempos Modernos”, una de las pocas ocasiones en las que podemos verlo cantar y bailar. :)








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