Profesores. Tu profesor no sólo debe ser bueno, sino que debe ser bueno para ti. (Parte V)

Intereses especiales / énfasis de la clase

Un profesor de danza sólo puede enseñarte lo que sabe. Así, el énfasis de la clase variará de profesor en profesor, de acuerdo a sus diferentes antecedentes. Cada uno destacará distintos aspectos de la danza. Debes estar consciente de que todas éstas son opciones – no respuestas inflexibles – y trata de encontrar un maestro que tenga intereses y objetivos similares a los tuyos.

Por ejemplo, algunos instructores refuerzan tu resistencia, otros enfatizan el estilo y el fraseo musical. Algunos enseñan a observar y repetir con exactitud los movimientos, otros promueven la interpretación individual. Puedes aprender con un profesor a bailar con suavidad y control, en tanto que otro pueda exigir que se corran riesgos para hacer progresar físicamente. Un instructor puede enseñar a usar bien los brazos; otro, ser excelente en la enseñanza de giros; otro, dar una buena percepción de líneas. Algunos maestros, principalmente coreógrafos, son geniales en la creación de hermosos movimientos para las clases.

Variables de la enseñanza

Velocidad

Aunque en general los profesores de orientación activa dan clases más rápidas que los analíticos, cada profesor tiene su velocidad o ritmo característico. Seguirlo es como montar sobre una ola en el mar. Si te llega demasiado rápido, te abruma; si es demasiado lento, te quedas estático. Pero si la ola te pilla a la velocidad justa, su ímpetu te llevará mucho más lejos de lo que podrías llegar con tus solas facultades. Algunos instructores enérgicos dan clases vigorosas de principio a fin; otros empiezan lento y llegan gradualmente a un tope de intensidad; y otros cierran la lección con un ejercicio lento. Por supuesto, los cursos muy concurridos y las clases para principiantes necesitan transcurrir lentamente a pesar del profesor.

A medida que ganes experiencia, sabrás a qué velocidad trabajas mejor. La velocidad de una clase no debería ser tan lenta como para que tus músculos se enfríen entre ejercicios, ni tan rápida que te haga sentir no preparado.

Ritmo contado o no contado

Hay dos formas de enseñar ritmos de danza: Contando o manteniendo el compás con sonidos vocales u otros. Algunos bailarines encuentran que contar el ritmo de un movimiento ( Cinco, Seis, Siete Y)  les da un claro marco para aprender.

Otros alumnos, que se enredan con los números y les cuesta memorizarlos, prefieren un maestro que mantenga el pulso cantando, chasqueando los dedos, palmoteando o algo similar. Este método permite al bailar sentir la música y recibir el ritmo directamente en su cuerpo sin necesidad de calcularlo mentalmente.

Diferencias de procedimientos

Algunos maestros trabajan ciertos pasos o movimientos en determinados días de la semana. Otros diseñan clases cuya dificultad va aumentando a medida que avanza la semana. E incluso hay otros que cada día agregan un paso más a la larga combinación del final de la clase, de modo que ya el viernes los alumnos han aprendido una rutina completa. Todas estas estrategias exigen una asistencia diaria y pueden presentar problemas a los bailarines que no estudian con frecuencia.

“Los buenos profesores de baile lo son por conocimiento y convicción, no son bailarines desilusionados, ni siquiera bailarines exitosos en ejercicio que pueden ser retirados por las constantes exigencias de una carrera de actuación. El ejecutante que no puede enseñar puede ser tan perturbador como el que desconoce el tema. No siquiera todos los grandes coreógrafos son buenos maestros, aunque puedan servir de inspiración a quienes están lo bastante avanzados como para beneficiarse con el consejo de un maestro.”  Agnes De Mille.

Química

Nunca subestimes el efecto que tiene en ti la personalidad de tu profesor. Asegúrate de sentirte a gusto con la persona que dirige la clase. En la clase de baile, como en la vida, algunas relaciones se arraigan y otras no. Trata de encontrar un maestro que te hable, alguien a quien respetar como profesor y en quien confías como persona. El sentido del humor ayuda. Y sxiempre querrás hacer lo mejor para un profesor que demuestra con franqueza que se interesa. A menos que se trate de un mesías a toda vela, no hay razón para soportar a un instructor aburrido, insultante y temperamental.

La edad es un aspecto de la química profesor-alumno que a veces se pasa por alto. Los profesores mayores han tenido años de experiencia para desarrollar y refinar sus métodos. Los buenos adquieren una serenidad y claridad sobre la enseñanza y pueden ver rápidamente a través del meollo de un problema. Los profesores que han dejando confortablemente atrás su carrera de actuación se sienten menos tentados a competir con los alumnos y, lo que es terriblemente importante para un bailarín joven, sirven como vínculos vivientes con la tradición.

Los profesores jóvenes tienen energía y condiciones físicas para ofrecer. Su capacidad para demostrar la plenitud de un movimiento ayuda e inspira a la vez. Las clases de instructores jóvenes reflejan los gustos actuales y los progresos técnicos. Si tú mismo eres joven, puedes sentirte más cómodo con un profesor con el cual sientes más afinidad.

Hay tanta diversidad de profesores como de personas. Sabrás de forma instintiva cuando encuentres el adecuado para ti. Acepta tus reacciones viscerales.

“Jamás digas a alguien que no tiene talento”, aconsejaba Martha Graham a su amiga Agnes De Mille cuando ambas eran coreógrafas novatas. ” No puedes decirlo. No lo sabes.”

* Extraido del libro: DANZANDO Guía para bailarines, profesores y padres.  Autora: Ellen Jacob


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2 Responses to Profesores. Tu profesor no sólo debe ser bueno, sino que debe ser bueno para ti. (Parte V)

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  1. “Hacerse” profesor. | Love 2 Dance - 18 febrero, 2013

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